Tenis cruel

Y llega el calor, y el sol nos acompaña hasta las nueve, y las televisiones empiezan a inundarnos de Wimbledon y Roland Garros... Y vuelven los torneos de tenis locales.

Entre tanto, un servido, se apunta a última hora al clásico torneo, y entre trabajos, pitos y flautas, la ilusión o la preparación no acompañan. Y llega el día del primer partido.

El contrincante te es conocido, no es tu mejor amigo, pero es una cara que ya la tienes vista. “¿Cómo jugaba?” “Bueno, ya veremos.”. Y a la hora del partido llegas cinco minutos tarde, se te han olvidado las pelotas, y por error has ido con la raqueta vieja, hay que joderse... por el contrario, el contrincante, ataviado de la ropa tenística más cara que uno puede encontrar en el decahrtlon, y con bolas flamantemente nuevas, lleva veinte minutos practicando el saque. Saludo, protocolo, despojo y a pelotear.

El peloteo inicial da poca información, o no, la verdad es que estaba pensando en otras cosas, que si el domingo viene mi primo, que si tengo el móvil sin batería, que si tengo que ir a no se que de la seguridad social... “¿Empezamos?” “Hmmm... bueno.”

Mientras yo me saco mocos y miro un poco el cielo, mi contrincante se acerca a su raquetero de 26.000 raquetas y 12 Terabolsillos, para sacar una botella de dos litros de acuarios. Sorteo... lo gano... Elijo restar... elije el lado con sol.

Empieza a botar la pelota... “¿Qué horario tendrá la oficina del INEM?”... Un Ace, ni he visto la pelota 15-0. Coñe! Venga Javi, que estás jugando. Siguiente saque. Totalmente plano a la zona de mi revés, lo consigo interceptar, pero mi bola no pasa la red 30-0... jode, esto va rápido. Siguiente saque. Extremadamente cortado hacia el exterior, que es mi zona de revés, segundo Ace. Siguiente saque. Bastante plano, al centro, lo contesto, pero la pelota le cae relativamente fácil. Derechazo, lo contesto con más pena que gloria, me sale un globo. Remata. 1-0.

Bueno, es el primer juego, no pasa nada (jaja, no te lo crees ni tu, te va a destrozar). Analicemos la situación. Mi contrincante tiene unos cuarenta años, y debe llevar jugando al tenis un mínimo de quince. Su técnica está a años luz de la mía, juega de mucha potencia y efecto casi todo plano. Vale... ¿En que le gano? ¿Resistencia? No no... me estoy poniendo gordo... uff... a ver que tal resta.

Me preparo para mi mejor saque, el cortado de zurdo. Lanzo y... falta, cachis. Una doble falta estaría muy feo, aseguremos. Saque cortado al centro. Sube descaradamente a restar y... me la enchufa... 0-15. Que rápido va a ser esto...

¡Venga Javi, que no te puede ganar una momia! ¡Usa la inteligencia! (PIIIII recurso no disponible) ’

Sin nada claro lanzo la pelota al aire, sin saber donde quiero sacar, cuando haces estas cosas el resultado suele ser una falta, para colmo el sol me ciega y de pronto.. ¿y si?

Ace, 15-15. Moooooooooooooooooooola.

Tras mi flamante primer Ace (de lo que sería una gruesa colección) levanto la mano en signo de disculpa, como cuando la pelota toca en la red y te beneficia. Y es que mi saque alcanzó una velocidad punta de 10 km/h, saqué flojísimo, y botó a medio metro de la red, con la intención de que no pudiese llegar al segundo bote. El tío corrió mucho, pero 40 años no son 19, y no llegó.

Supongo, que de mi gesto de perdón, pensaría que había sido un error en el saque, pero cual fue su sorpresa, cuando en mi siguiente saque, con maniobra gemela, el segundo Ace subió a mi marcador. Nuevamente levanté la mano en gesto de disculpa, y me miró con cara de asesino. 30-15.

Como era de esperar, en el siguiente saque, él estaba a escasos tres metros de la red, la broma estaba muy bien, pero si pensaba que le iba a ganar con esa gilipollez lo llevaba claro. Entonces lo hice, saqué mi mejor estilo de tenis, el tenis cuel :D. Mi siguiente saque fue un saque plano a doscientos mil millones de kilómetros por hora, que como resultado dio para mi un nuevo Ace y para él un nuevo moratón en la pierna. Con gesto estoico, de nuevo, pedí perdón.

No se lo que pensaría él en ese momento, pero seguro que estaba relacionado con mi madre, o con funerarias.

Mi siguiente saque fue un saque cortado de lo más normal, que tras tres o cuatro pelotas de intercambio pusieron el marcador en 1-1. El siguiente resto lo perdí, y el siguiente saque lo gané con un par de tiros crueles. En este punto del partido me di cuenta que a mi contrincante no le gustaba subir mucho a la red, por dos razones (supongo) sus piernas no son como las mías, y no voleaba demasiando bien. Así que mi nueva estrategia fue muy simple, una pelota al fondo una dejada, una al fondo una dejada. Al principio me comí muchos puntos, pero luego la mayoría de las dejadas las convertía.

A medida que el tenis cruel proliferaba en el partido, él empezaba a darle más fuerte, lo que incrementaba sus errores.

Finalmente, metidísimo en el partido, salvo los momentos en los que pensaba en escribir un libro sobre el tenis cruel, el partido calló de mi lado. Una de las victorias de las que más orgulloso me siento, por que en condiciones de no-cureldad, habría sido imposible ;) Aunque ahora me da pena el hombre, jejeje.

1 comentarios:

Elia dijo...

Vale, dos cosas:

Primero: Jamás pensé que una situación parecida pudiera ocurrir de verdad. Pensé que eran flipadas de Prince of Tennis.

Y segundo: eres lo peor xD

Besos!