Una sensación a medio camino entre el escozor y el picor te desvela, recobras un poco de consciencia, descubres en que postura estás y haces el esfuerzo de levantarte pensando que cuando vuelvas del servicio con la vejiga descargada dormirás un poco mejor. Pero al volver los ojos te traicionan haciéndote ver que las tres horas de sueño que estimabas no son más que quince minutos. Conformista vuelves a la cama, en esa etapa de adormilamiento en la que aun puedes manipular los sueños, pero en lo que a tu mente le parece un pequeño lapso, un abrir y cerrar de ojos, el sonido electrónico mal simulado de hace suspirar.
Entristecido y anhelante de un par de horas de sueño más comienza el diagnostico, en busca del malestar por todo tu cuerpo, algo suficientemente creíble como para no tener que ir a trabajar, la resignación se va tornando en cabalidad y finalmente se estudia el momento de levantarse.
Cuando finalmente un subidón de adrenalina ha conseguido mover el amasijo de músculos hasta poner el cuerpo de pie, y en un frágil equilibrio; te arrepientes y piensas “podría haber pensado que ropa me iba a poner antes de levantarme”, entumecido buscas en el armario, que de entre las múltiples prendas siempre te pones tres, por que a esas horas de la mañana solo te quieres poner algo que se parezca al pijama.
Tras el segundo calcetín, el despertador te sonríe pensando que un día más te irás sin desayunar. Agarras la mochila y el teléfono móvil, te despides de tu madre y tras una carrera de cinco minutos llegas a la parada de autobús, para ver con cara de imbécil como has perdido el de y diez.
Durante la espera el frío te tensa el rostro, las piernas hacen ademán de doblarse, y sin querer una baba mancha tu chaqueta haciendo un reguero hasta el final. El movimiento errático de los zombies enrededor te hace levantar la cabeza para ver el siguiente autobús, odioso medio de transporte al que miras con cara de extrema felicidad ya que durante la próxima media hora será mejor lecho que la fría calle. Gracias en parte a la cortesía y en parte a la estupidez te pones el último de la fila, aunque llegaste el primero, y cuando es tu momento hechas mano al bolsillo para sentir con un vuelco al corazón que el abono no está allí, la desesperación te hace mirar un par de veces más, como si no supieses de sobra que el abono está esperando en casa.
Con cara de subnormal te bajas del autobús y ves como se aleja. Miras el reloj para darte cuenta de que lo que eran diez minutos tarde es ahora un motivo de despido según convenio.
Bienvenido a la puta realidad.
Lets Javi. Bohemian Rapsody
Loop
While true
Publicado por Javier en 2/27/2008 10:07:00 PM
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2 comentarios:
Javi, me alegro que vuelvas a postear, siempre me han encantado lo que yo llamo análisis científicos de lo cotidiano.
Lo de la disciplina me ha gustado mucho porque me recuerdo a un libro que sigo de hace un tiempo, ya te hablaré de él, es un libro de autoayuda, pero mola porque no es para hacerte rico, ni para ser mejor, ni para ningún objetivo, sólo se dirige a prestar más atención, a estar en el presente, a estar ahora.
Lo de levantarse antes y la alteración temporal es una verdad como una catedral, como lo de buscar estar malo.
Respecto al Camino, llámame que tengo mucha info. Te comento que León-Santiago en 4 días lo veo chungo, sería hacerse 85 km al día, y hay que subir el puerto de Cebreiro. Se puede hacer, la verdad, pero cuenta con un un día para ir y otro para volver. Yo quería hacer León-Santiago, por pasar la Cruz de Hierro, pero la falta de tiempo hace que acorte hasta Ponferrada, si por mí fuera lo haría desde Roncesvalles, pero en verano no puedo.
El de antes era Germán
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