La introspección es un espejo cóncavo, o convexo, u ondulado, o simplemente distorsionado; genera una imagen de la realidad, pero no la imagen real.
Mirar dentro de ti puede hacer que te veas más delgado, pero también puede hacer que te veas más gordo. Definitivamente la única manera de seguir conociéndote, de poder ser crítico, de explotar lo bueno y lijar lo malo es viendo tu reflejo en los demás.
Últimamente me he visto en el espejo interior con una importante falta de nitidez, y realmente es complicado peinarte cuando el espejo te distorsiona tanto que no te permite saber si lo estás mejorando o lo estás empeorando. Cuando pensaba que por fin estaba peinado decidí salir a la calle, y pasear, pero un instante antes de cerrar la puerta tras de mi dudé, gracias por dudar. Dudar me hizo mirarme en otros espejos, pero esta vez eran planos.
La primera imagen fue de rechazo, la segunda de repulsión, la tercera de hastío... pero al final comprendí, que la imagen que me producía rechazo, repulsión y hastío era la imagen de la introspección. Entonces lloré, rabié, enfurecí, grité, y finalmente arremetí contra el espejo interior, se rompió en mil pedazos. Y después... lloré. Las lágrimas manaban sin contención, pero esta vez no lloraba mirando hacia abajo, miraba hacia arriba, lloraba por que la luz me cegaba, lloraba de felicidad.
Gracias aco
Javier
En segunda persona
Publicado por Javier en 9/03/2008 11:53:00 PM
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3 comentarios:
Me produce una enorme satisfacción el comprobar como poco a poco vuelves a ser el que eras, vuelves a escribir, vuelves a bromear, vuelves a correr... para nunca dejar de perseguir tus sueños.
Siempre tendrás cerca mi mano, solo has de cogerla.
Mucha suerte en tu nuevo camino, a veces es necesario cambiar de dirección para volver a recuperar la ilusión perdida en caminos antiguos o ya demasiado trillados. Pero lo importante es darse cuenta a tiempo y tener la valentía de comenzar de nuevo.
Un beso, chavalín.
Grande, Arlandy, grande lo que escribes y grande tu vuelta.
Antes he escuchado a un escritor decir que le costaba diferenciar lo que le ocurrió de lo que se le ocurrió a la hora de escribir su autobiografía.
Y también ha dicho, y me ha encantado, que la mayoría de las veces nos hace mucho daño lo que se nos ocurre al ocurrirnos algo.
Un abrazo, Arlandy.
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