Pensar en el pasado abruma, mucho. Pensar en el pasado es como una consulta con el psicólogo, como una revisión del coche en el taller, o como un libro de regulación; esconde más de lo que parece. Al principio puede ser a causa de un objeto, una frase, o una circunstancia que te hace ir a la biblioteca de la mente a coger un pequeño tomo de algo menos de veinte páginas, raído, que al abrir sus tapas ves que es como uno de esos libros que han utilizado muchos alumnos, subrayado, anotado, tachado, con pequeños dibujos, y alguna página rota o arrugada.
Este pequeño libro es a la historia lo que el periodismo es a la verdad. No dice nada, no es real, es selecto, subjetivo, mal traducido y poco documentado. Pero es el libro del pasado, tan solo es una pequeña mirada a las páginas que han dado lugar al resto de estanterías de la biblioteca. Puede decir poco, y puede decir mucho, el pequeño libro del pasado tiene referencias, pies de página y un complejo sistema de bibliografías.
Aunque lo sabemos, siempre pasa lo mismo, paseando por los pasillo llegas a la biblioteca, sacas el libro del pasado, ojeas sus páginas de pie, y en ese momento hay que decidir, si sentarse a leer más o simplemente ojear los titulares de las noticias. Ojeando los titulares sueles esbozar alguna sonrisa y manifestar en la silenciosa biblioteca algún “¡anda!”, y al cerrarlo y dejarlo en el pequeño hueco, te vas con las manos en los bolsillos caminando algo más rápido y olvidando que estás en una biblioteca. Pero si decides sentarte y preparar la mesa para ratonear por la biblioteca, entonces lo primero en aparecer es un nudo en tu garganta, aunque es tu biblioteca andas muy despacio para no hacer ruido, las manos se te quedan frías, y dudas donde está aquello que buscas. Una referencia lleva a otra, y a otro libro, y a otros libros, tomos, formularios, diccionarios, libros técnicos, novelas, poesía, drama, romance, aventuras, misterio, terror, ciencia ficción... hasta que finalmente estás tan metido en tu biblioteca que te encuentras con él.
A estas alturas las manos ya no están frías, tu liviano paso sigiloso es ahora algo más que un animado trote, no te exalta un libro en el suelo, y la luz se te empieza a mostrar escasa. En el momento en que le tienes ante ti te das cuenta de que has alcanzado el pasado, no estás recordándolo, estás navegándolo, tu intensa búsqueda y lectura se convierte en una conversación, con esa criatura que por falta de léxico llamamos “El pasado”, pero que en realidad es uno de ellos, es un titán, que te puede ayudar e impulsarte a soñar, pero también te puede matar.
J: ...
T: ¿Qué estás haciendo aquí?
J: hmm... no lo sé...
T: Yo si. Buscas en abril de 2006.
J: ¿Qué busco exactamente?
T: La tercera balda, por la mitad, un poco a la izquierda.
J: ¿Mi cumpleaños?
T: Sí.
J: Recuerdo bien esa fecha, ¿Por eso he llegado hasta aquí?
T: Si, pero te estás confundiendo de autor.
[...]
J: Vas a matarme ¿verdad?
T: Solamente voy a intentarlo.
El pasado es un pequeño tomo en una gran biblioteca, el pasado es como una raqueta, como una espada, como una pluma, como la magia; no es lo que es, es quien lo hace ser.
Javier, Tier 7.
Una mirada al pasado
Publicado por Javier en 9/28/2008 09:16:00 PM
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada